jueves, 12 de noviembre de 2015

Infantería, escribe la voz de una guerra



Entonces el escribiente prueba la pluma entintada

en su propia piel

en un brazo tan marcado

por las arrugas de una edad provecta

como por las rías de tinta

que recorren esos valles carnosos.

Detiene la pluma entintada de negro

en el aire húmedo de la maleza.

Tinta negra sobre pluma blanca.

Y, sin pensar

vacío de pensamiento propio

de necesidad

de propósito

escribe en el pergamino de hombre

cuidando la forma

de una caligrafía trabajada y hermosa

escribe lo que le dicta una voz

escribe la voz de una guerra.

martes, 20 de octubre de 2015

Infantería, la curtiembre



jueves, 15 de octubre de 2015

Infantería, sorbiendo...



Para decirlo en otras palabras:
Tira un reluciente esqueleto de su tobillo
desfleca la carne rígida
que da
con gesto soberbio
de comer a los cuervos
mientras busca y rebusca   y rebuzna
hasta encontrar el hueso.
La tibia     el peroné.
Si tuviera ojos la malvada
le brillarían ahora
que ha encontrado lo que buscaba.
El cuerpo del pobre amigo
de repente
se retuerce
cuando ella, la finada reluciente
se lleva el hueso a la boca.

La tibia    el peroné
Y es ese ruido la fuga del alma.

Es la lengua roja y viva de la muerta
inverosímil pedazo de carne
metiéndose en el caracú y
sorbiendo
desde allí
el alma.
Chupando se lleva el último rescoldo
del pobre hombre.


miércoles, 7 de octubre de 2015

Infantería, la Curtiembre

Planeta de maderas y fogatas.
Mundo de despojos y de febriles labores.
Cientos de carros faenando sus pertenencias
al costado de las hogueras, donde se secan las pieles
de los cuerpos deshollados.
Pieles apergaminadas que el fuego hace crujir.
Hábiles los mocosos, expertos de ojos enormes
despojan a los despojos
de lo poco que tienen.
Tenue protección contra el filo del mundo.
Filo de cuchillitos que separan la grasa del pellejo
con habilidad exquisita
y arrojan el bollo delicado a la vera
de las hogueras
donde otros, de miradas igualmente ávidas
de fuego y perfección
tensan el desholle en bastidores
puestos a secar   y lamen con trapitos
los restos de
grasa   carne   tendones
sangre
hasta lograr la superficie pulida
sin mácula
la superficie cabal.
Y entonces chiflan.
Los dedos en la boca
el aire saliendo sibilante y fuerte
entre los diques de los labios.
Chiflan y aparecen los viejos
que, con golpecitos y caricias
sobre sus pequeñas cabecitas
alaban, celebran las obras de los menores
y, eligiendo los mejores retazos
los toman cariñosamente y se meten
con ellos
en la espesura.
Entonces el escribiente prueba la pluma entinatda
en su propia piel
en un brazo tan marcado
por las arrugas de una edad provecta
como por las rías de tinta
que recorren esos valles carnosos.
Detiene la pluma entintada de negro
en el aire húmedo de la maleza.
Tinta negra sobre pluma blanca.
Y, sin pensar
vacío de pensamiento propio
de necesidad
de propósito
escribe en el pergamino de hombre
cuidando la forma
de una caligrafía trabajada y hermosa
escribe lo que le dicta una voz
escribe la voz de una guerra.